Esta mañana la presidenta Claudia Sheinbaum y parte de su gabinete, desmintió un reportaje que publicó el New York Times sobre una cocina de fentanilo en Sinaloa.
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Este hecho a causado grandes comentarios, pues ya se había comentado sobre el texto en otra conferencia y el diario salió a defender su trabajo.
¿Pero qué dice el famoso reportaje? Aquí te contamos.
El texto comienza explicando la ola de violencia que a sufrido el estado a partir de septiembre y entre ello, los intentos de los reportero de periódico para accede a una cocina.
Después, comienza a narrar cómo era la cocina de fentanilo a la que accedieron:
“El laboratorio estaba oculto en una casa en pleno centro de la ciudad de Culiacán, en una calle bulliciosa llena de peatones, automóviles y puestos de comida. No había olores ni humo en el exterior que pudieran alertar a un transeúnte de las grandes cantidades de fentanilo que se estaban cocinando detrás de la puerta.
Todo el interior estaba oscuro, excepto por una habitación al fondo, que se encendió con llamas al rojo vivo apenas llegamos. Dos hombres se apuraron para apagar el fuego que salía de una olla en la estufa, rodeada de un humo que tenía un tinte rojizo.
Después de unos minutos salieron triunfantes y disculpándose: una reacción química había causado una pequeña explosión, explicó el cocinero principal, un joven de 26 años vestido con una camisa azul marino y pantalones.
Logramos acceso gracias a uno de nuestros contactos, que conocía un narcotraficante que hacía negocios con los cocineros. El contacto convenció a los hombres de que no revelaríamos sus identidades ni la ubicación del laboratorio. Ellos dijeron que al hablar con periodistas se arriesgaban a represalias mortales, y hablaron bajo la condición de mantener el anonimato.
El cocinero principal y su socio nos dieron la mano y su jefe, un hombre de mediana edad que merodeaba cerca, nos permitió ingresar un teléfono y una cámara. Nos advirtieron que estuviéramos preparadas para que aparecieran las fuerzas del orden en cualquier momento.
“Nos reventaron uno en la mañana” dijo el jefe. Ese día, más temprano, explicó, el ejército mexicano había allanado uno de los laboratorios de su equipo, lo que los había obligado a llevar sus materiales a este lugar improvisado", detalla el texto.

Explican que las personas que estaban a cargo les dijeron que si llegaban las autoridades, los reporteros deberían quedarse en el piso, pero que ellos tendrían que escapar.
Luego, se pusieron las mascarillas de gas, trajes de protección y guantes para entrar a la cocina:
“En una mesa lateral redonda cerca de la puerta, iluminada por una lámpara fluorescente, había un montón de polvo blanco que, según los hombres, era fentanilo terminado. El montón parecía pesar más de medio kilo, una cantidad probablemente suficiente para más de 200.000 dosis.
En la encimera había una variedad de botellas de cerveza Corona a medio tomar y contenedores de metal con químicos. En una bandeja había una pequeña montaña de láminas de cristal que, según nos dijo el cocinero principal, era hidróxido de sodio, ingrediente del fentanilo.
Agrega que los hombres se inclinaban sobre dos grandes ollas que estaban en quemadores a fuego medio bajo, mientras decían que se encontraban en el primer paso del proceso, activando el principal ingrediente químico que se usa para hacer fentanilo. Solo había una pequeña ventana y un pequeño extractor de plástico para ventilar.
“Por lo general, los cocineros usan máscaras de gas cuando hacen fentanilo, para protegerse de la exposición tóxica a los químicos. Pero en su prisa por restablecer el proceso luego del operativo militar, solo habían tenido tiempo de conseguir cubrebocas quirúrgicos o de tela, dijeron. Esa fue la razón por la cual el ayudante del cocinero principal había tenido que salir corriendo de la cocina cuando los humos empezaron a impregnar el aire.
Volvió, cigarrillo en mano, y le pasó acetona al cocinero principal, otro ingrediente químico para el fentanilo, el cual estaba en la alacena junto a una botella de salsa picante. En una pared cercana colgaba una impresión de La última cena, de Leonardo da Vinci.
El cocinero principal había empezado a trabajar para el cártel con 16 años, dijo, cocinando metanfetaminas y luego fentanilo. Mientras aprendía por sí mismo a operar un laboratorio de drogas, permaneció en el colegio y luego estudió medicina oral. El aspirante a dentista nunca llegó a ejercer el oficio", detalla.
Estas fueron algunas de las inconsistencias que encontró el gabinete de Sheinbaum pues afirmó que para fabricar el fentanilo, se necesita equipo especial o las personas que operaban habrían perdido la consciencia en pocos minutos.
Aquí te dejamos el link para que lo leas completo: