Alejandro Moreno: Encuestas de Halloween y Día de Muertos

A los encuestadores nos toca estos días recordar a quienes ya no están con nosotros en la profesión
A los encuestadores nos toca estos días recordar a quienes ya no están con nosotros en la profesión
Halloween y Día de Muertos.A los encuestadores nos toca estos días recordar a quienes ya no están con nosotros en la profesión
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autor
Alejandro Moreno
Director de encuestas de Nación321
2023-10-27 |06:32 Hrs.Actualización06:32 Hrs.


Dicen que las encuestas rumbo a las elecciones de 2024 están de miedo. A propósito de Halloween y Día de Muertos, permítame hacer un ejercicio un tanto inusual, no por ello paranormal, de métaforas demoscópicas de temporada. Tómelo como una muestra no probabilística de calabazas y flor de cempasúchil, con entrevistas con brujas y catrinas, y como estimaciones estadísticas fantasmagóricas. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. 

Encuestas fantasma. Algunos creen que no existen, pero de repente se aparecen por ahí con resultados o metodologías que dan escalofríos. 

Encuestas espantapájaros. Se publican para asustar o bajarle los ánimos a la competencia política, sobreestimando la realidad, pero lo cierto es que van rellenas de paja.

Encuestas Frankenstein. Generan ansiedades ante el ascenso de alguna figura política no convencional, cuya fuerza puede ser aterradora para el establishment político. Se ven feas pero tienen trabajo científico en su realización.

Encuestas pan de muerto. Son típicas de temporada, hay de varios tamaños y quienes las comisionan esperan que estén bien azucaradas. 

Encuestas Fantasma de Canterville. No generan mucho respeto y hasta son objeto de burla, igual que el personaje de Oscar Wilde. Algunas inspiran memes. También se les conoce como encuestas chocarreras. 

Encuestas de cementerio. Son las que miden la popularidad de algunas figuras políticas del pasado para ver si resucitan o reaparecen, lo cual, por lo general, no sucede.

Encuestas de altar de muertos. Se montan como ofrenda para los políticos muy vivos. 

Encuestas de la Llorona. Son encuestas partidistas que no favorecen a sus militantes duros sino que resultan favorables a candidaturas externas, por lo que van lamentándose por su hijos.

Encuestas Freddy Krueger. Se hacen en la calle y son una pesadilla.

Encuestas Hotel Bates. Son telefónicas y la gran mayoría se suspende con una llamada muerta.  

Encuestas exorcistas. Buscan sacar o quitar la mala imagen de algunos personajes políticos, con el riesgo de que éstos queden poseídos por el proceso de purificación. 

Encuestas catrina. Están bien vestidas, lucen elegantes, con sonrisa, pero sin mucha sustancia, solamente es el esqueleto. 

Encuestas con margen de horror. Dan ventajas que pueden causarle un gran susto a los segundos lugares. 

Encuestas cempasúchil. Le dan un color naranja al ambiente. 

Encuestas para pedir calaverita. Van por ahí pidiendo fondos, pero se sospecha que a cambio de puntos porcentuales. 

Encuestas trick or treat. A diferencia de las anteriores, se hacen casa por casa, pero, como su nombre lo dice, pueden ser un truco o un premio, dependiendo de lo que se reciba a cambio. 

Encuestas spooky. Se usan para seleccionar candidaturas y dan escalofríos. Han influido en que las precampañas se concentren en decir “en la encuesta, mi nombre es la respuesta”, pero sin ninguna propuesta.

Encuestas Transilvania. No son una danza de vampiros, sino de números. Parecen inofensivas, pero traen un largo colmillo. 

Encuestas Familia Addams. Cuentan con cuestionario laaaaargo que suele asustar a las personas entrevistadas. 

Encuestas Pedro Páramo. No es que Comala salga en la muestra, pero es difícil distinguir quién vive y quién está muerto en la contienda electoral. 

Encuestas cripta. Ahí yacen las aspiraciones de varias figuras políticas con bajos números. 

Encuestas Ouija. Por más que intentan hacer contacto, suelen tener altas tasas de no respuesta. 

Encuestas quema de brujas. Cuando no gustan los números de algún sondeo, al encuestador se le trata de quemar en la estaca a punta de descalificaciones.

Encuestas pumpkin. No siempre están bien hechas pero pueden arrojar luz. 

Encuestas fiesta de Halloween. Con tanto disfraz, es difícil saber cómo va la cosa. 

Encuestas Chucky. Son pequeñas pero se les nota la maldad a leguas. 

Encuestas Gasparín. De no creerse, pero son amigables y, sobre todo, transparentes. 

Encuestas Scooby Doo. Son muy nobles y al final desenmascaran a las encuestas misteriosas.

Quizás algunas de estas descripciones le hayan causado gracia, pero lamentablemente muchas de ellas reflejan malas prácticas en la profesión o en los usos políticos que se les dan. 

Esperemos que las encuestas cumplan una función informativa y confiable en este proceso electoral y que estén a la altura de lo que requiere una ciudadanía democrática.  

Mientras tanto, a los encuestadores nos toca estos días recordar a quienes ya no están con nosotros en la profesión, pero siguen teniendo nuestro gran aprecio.