Alejandro Moreno: Presidente en campaña

La insistencia de construir un muro con México es parte del kit retórico del republicano
La insistencia de construir un muro con México es parte del kit retórico del republicano

Alejandro Moreno: Presidente en campaña

AMLO y Trump.La insistencia de construir un muro con México es parte del kit retórico del republicano
Especial
autor
Alejandro Moreno
Director de encuestas de Nación321
2019-06-21 |06:18 Hrs.Actualización06:18 Hrs.

Donald Trump lanzó su campaña de reelección este martes en un evento en Florida, donde mostró el músculo de la movilización ante un escenario repleto de simpatizantes, adelantando una probadita de una campaña que podría combinar elementos del cambio prometido en 2016 (hacer grande a Estados Unidos otra vez, o Make America Great Again con un mensaje de continuidad, típico de un mandatario en funciones (mantener grande a Estados Unidos, o Keep America Great).

Los paralelismos con el Trump de hace cuatro años serán inevitables, y en muchos sentidos pertinentes, pero, aunque el candidato Trump 2020 pudiera ser en esencia el mismo que el candidato Trump 2016, las circunstancias han cambiado notablemente. Uno de los cambios es que el aspirante Trump de 2016 fue subestimado por propios y extraños de principio a fin; pero el Presidente/candidato Trump 2020 es mucho menos probable de generar el mismo sesgo de percepción. Su candidatura y su elección en 2016 no se veían, en su momento, como muy factibles; la actual candidatura y la posible reelección, sí.

En la retórica de Trump 2020 se van a repetir algunos elementos que resultaron exitosos en 2016, como el tema migratorio, pero lo cierto es que la migración no figuraba como uno de los principales problemas para el electorado hace cuatro años. Según las encuestas en ese entonces, la migración como problema principal del país no rebasaba 10 por ciento de menciones y estaba por debajo de la economía, de los empleos e incluso del terrorismo. Hoy en día la migración ha crecido como un tema central en la opinión pública norteamericana, registrando alrededor de 20 por ciento de menciones, reflejando el continuo elemento anti-inmigrante en el kit retórico de Trump, pero también las políticas y acciones de gobierno, incluida la insistencia de construir un muro con México.

En 2016, la campaña de Trump fue muy exitosa en vincular la migración con la economía, un binomio que resultó particularmente efectivo en estados con una población industrial venida a menos y que resultaron clave en el sistema de colegio electoral que ultimadamente llevó al magnate a la Casa Blanca. En el camino hacia 2020 podríamos esperar este binomio nuevamente, aunque con algunas variaciones: una economía que Trump presume como una de las mejores de la historia de su país, y un sentido de proteccionismo en el que los migrantes aún juegan un papel central como amenaza.  

En el largo recorrido hacia la elección presidencial, y bajo un probable escenario en el que la candidatura del presidente no se descarrile por un juicio de destitución o impeachment, las encuestas serán, como de costumbre, un protagonista más. Esto es no solamente porque en Estados Unidos suele generarse un gran número de sondeos electorales públicos, sino por que el propio Trump va a hacerlas parte de su retórica de campaña, publicitando las que le son favorables y desechando las desfavorables, al son de fake news y fake polls.

Hace unos días se comentó la irritación de Trump por la filtración de encuestas que había generado su equipo interno y en la cual el presidente venía rezagado algunos puntos frente al aspirante demócrata Joe Biden. A diferencia de 2016, donde la aparente subestimación de Trump en las encuestas no parece haber perjudicado sus probabilidades de triunfo, en 2020 el Presidente tendrá mucho interés en mostrar que va adelante. Si en 2016 Trump ganó como underdog, en 2020 querrá generar un mayor efecto de carro ganador o bandwagon. Por eso la importancia retórica que tendrán las encuestas en los meses por venir. No hay que olvidar, sin embargo, que el voto nacional es importante, pero lo que cuenta es ganar el colegio electoral y los estados clave que lo definen.

Las encuestas indican que la popularidad del presidente ha permanecido relativamente estable, ligeramente por arriba de 40 por ciento, o, según los datos de Trump, en 50 por ciento. La popularidad de Obama no era muy distinta a eso en los meses previos a su reelección en 2012. Ya veremos cómo se mueven los niveles de aprobación con un Presidente en campaña.