Omar Cepeda: Las garras de la política en una sociedad global

En las últimas semanas, se desarrollaron elecciones en México, la India, Rusia y Europa
En las últimas semanas, se desarrollaron elecciones en México, la India, Rusia y Europa
A nivel mundial.En las últimas semanas, se desarrollaron elecciones en México, la India, Rusia y Europa
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Omar Cepeda
Conductor y periodista mexicano especializado en asuntos internacionales
2024-06-12 |06:59 Hrs.Actualización06:59 Hrs.


Elecciones, la moda política de cada año. En las últimas semanas, se desarrollaron en México, la India, Rusia y apenas el domingo pasado en Europa para reconfigurar su parlamento. Las que sucederán en Estados Unidos el próximo noviembre, ya acaparan la atención total.

Las sociedades se vuelcan a los centros de votación, donde depositan sus papeletas con el partido y las personas seleccionadas. Horas después (salvo en India, que es un proceso donde el sufragio dura varios días) se nos dice quiénes fueron los ganadores.

Cuando esto sucede, nos alertamos o regocijamos por quienes suben a los altares políticos, ya sean radicales o moderados. En esos días, los resultados electorales sustituyen los goles y pódiums deportivos del fin de semana. A cambio, los fanáticos de los políticos se estremecen entre la fe, la ideología y los recelos.

Lo cierto es que mientras se reconfigura el mapa político e ideológico a nivel mundial (si es que en verdad queda claro quiénes son los de centro, derecha, izquierda y sus radicalismos), la aldea global sigue en espera de respuestas a sus demandas: la desigualdad se mantiene, la migración aumenta, el cambio climático exaspera, el crimen organizado se empodera, y no hay educación de calidad que alcance para todos, pero sobre todo a las niñas, niños y jóvenes que viven en la pobreza.

En algunos países se mantienen los modelos continuistas, en otros los radicales asoman sus cabezas con contundencia. En India y en México, una amplia mayoría pidió seguir por el camino actual. Sobre todo en nuestro país, la gente fue más incondicional que nunca, por un proyecto político que ha apostado a otorgar apoyos económicos directos, hacia un liderazgo único, fuerte y carismático, capaz de concentrar diversos poderes del Estado y bajo un discurso antineoliberal.

Por otro lado, principalmente en Europa, la extrema derecha ha ido creciendo, elección tras elección, en su diversa geografía. La migración ha comenzado a azuzar a la ciudadanía del viejo continente, así como ante la posibilidad de que explote una nueva crisis económica que significaría desempleo y pérdida de poder adquisitivo. Esto le ha servido a la derecha radical, para inspirar soluciones con supuestas recetas para frenar estas inercias, aunque la mayoría de las veces son exhalaciones de fuego, ramplonerías sin sustentos científicos o estadísticos que apoyen sus teorías, las cuales muchas veces se parecen más a conspiraciones.

Su irrupción en países como Francia y Alemania, ha puesto de manifiesto el descontento de la gente con un modelo que en algunos lugares se agota, mientras que en otros se asienta: un modelo ideológico de izquierda o progresista que ha incumplido con sus objetivos, más allá de las promesas, en sus resultados.

Lo vimos antes en Argentina, cuya izquierda asfixió a una sociedad en detrimento de su corrupción e inoperancia, el Kirchnerismo dejó ir una oportunidad de oro en Sudamérica para posicionar a una izquierda que, al final de cuentas, los dejó en el abandono y en la miseria. En respuesta, llegó un fenómeno extraño llamado Javier Milei, cuya estridencia no deja de sorprender, encantar y al mismo tiempo atemorizar.

En México, contrario a lo que pasa en Argentina y Europa, se vive un periodo de continuidad apremiante al modelo de gobierno de López Obrador, aunque ahora en manos de su elegida, Claudia Sheinbaum. Curiosamente, se vive un periodo ambiguo, ideológicamente, donde se observa un modelo híbrido entre lo popular y un estado benefactor efectivo, entre lo neoliberal y lo estatizante, un modelo cuyo péndulo se mueve entre la derecha y la izquierda.

Sabemos que más allá de la retórica, la relación de México con Estados Unidos es un mecanismo asimétrico donde normalmente nuestro país asume las peores partes dentro de las continuas negociaciones que se llevan a cabo, últimamente han sobresalido las dadas en materia migratoria.

No obstante, la próxima elección que se celebrará en Estados Unidos, que hasta el momento se prevé cerrada entre Donald Trump y Joe Biden, según varias encuestas, deja en el aire el impacto que tendrá con la próxima presidenta, Claudia Sheinbaum, y su futuro gobierno. Recordemos que al principio de la presidencia de López Obrador, Donald Trump se impuso sorpresivamente en las elecciones presidenciales, minando la relación y teniendo que imponer políticas migratorias que no estaban dentro de los planes de Obrador.

Por ello, es de suma importancia observar el comportamiento de las sociedades en México y el mundo, ante fenómenos dispares y complejos, sin ideologías concretas y una serie de necesidades que se incrementen. Su voto, más que de selección, es de castigo, y eso implica elegir al salvavidas ante amenazas que ante propuestas de desarrollo.