Fuego cruzado recibe el PRI desde el flanco del Frente PAN-PRD y de Morena, pero la razón por la cual podría besar la lona este año no es solamente por eso, sino por un mal ambiente generado por insatisfacción económica e inseguridad.
Hay muchos argumentos para explicar el panorama económico, pero el ciudadano mira su bolsillo, el precio de sus alimentos y el de su tanque de gas. Y el resultado es insatisfacción.
De acuerdo con el reporte del INEGI conocido ayer, en 2017 México tuvo 6.77% de inflación, la más alta en 17 años, cuando alcanzamos un índice de 8.96%.
#ComunicadoINEGI En dic. 2017 el Índice Nacional de Precios al Consumidor #INPC creció 0.59% mensual. Tasa de inflación anual: 6.77% https://t.co/j0XMI9vzI6
— INEGI (@INEGI_INFORMA) 9 de enero de 2018
Dicho en leguaje simplista pero electoreramente efectivo: volvimos a las inflaciones de la época del PRI.
La meta de inflación para el año pasado era de 3%. Nos fuimos a más del doble.
Desde luego hay explicaciones: el gasolinazo de enero del año pasado (inevitable), más el alza del dólar (por factores externos), son dos elementos –aunque no los únicos– que ayudan a entender por qué creció la inflación.
El crecimiento de los precios golpeó con más fuerza a los que menos tienen. A la base del PRI.
El reporte del INEGI indica que el alza de precios en la canasta básica fue superior a la inflación general en el país. Aumentó, el año pasado, 9.61%.
El gas LP subió 44% entre diciembre de 2016 y diciembre de 2017.
¿Se pueden ganar así unas elecciones? Sí, pero…
Desde el otro flanco hay que sumar la inseguridad pública y el escándalo de Chihuahua, tarde y mal explicado por la Secretaría de Hacienda, y con nula defensa política de parte del gobierno.
La @SHCP_mx está absolutamente comprometida con que se esclarezcan todos los hechos que están siendo investigados en #Chihuahua, sobre el uso que se dio allá a recursos públicos.
— JoséA González Anaya (@JAGlezAnaya) 9 de enero de 2018
Desde luego hay razones para tener la inflación que tenemos, que es una jauja comparada con el 2 mil 616% que experimentó Venezuela el año pasado.
Pero a la gente, además de explicarle, hay que ofrecerle un cambio, una esperanza de que las cosas van a mejorar.
De lo contrario se queda con la idea de que “me prometiste que la reforma energética era para bien, y me subiste 44% el gas”.
La explicación consiste en que somos importadores netos de gas y en Estados Unidos subió cerca de 35%, y va todavía más para arriba por el crecimiento del consumo debido a los fríos.
No explican lo suficiente, y mucho menos dan esperanzas. ¿Y quieren ganar?
¿Quién va a votar por un partido que no ofrece nada, cuando suben los precios de la comida y el gas para prepararla, y además no se puede salir tranquilo en la noche ni subirse a un autobús sin miedo?
En 2013 hubo 18 mil 106 homicidios dolosos en el país, y el año pasado, a noviembre, la barbaridad de 23 mil 101. O sea, pasamos de 15.29 asesinatos dolosos por cada cien mil habitantes en 2013, a 18.70 en 2017. Nos fue muy mal.
Explicaciones también hay, como gobernadores irresponsables y errores estratégicos que se cometieron en el gobierno federal.
Se puede decir que en Venezuela los homicidios llegan a 100 personas por cada 100 mil habitantes, sí.
El argumento de que estaríamos peor con López Obrador (Venezuela) es real, aunque por ahora hipotético.
La gente quiere mejorar, y tiene razón.
Pero el PRI no ofrece nada, por ahora. Aún no hay esas dos o tres ideas eje de una campaña que den esperanza a la población de que esto va a cambiar.
Apostarle a que los ciudadanos salgan a las urnas a agradecer las reformas del presidente Peña es una ingenuidad.
En política puede más la esperanza que la gratitud.
Y el único que reparte esperanzas es el puntero en las encuestas. Mentiras o disparates muchas de ellas, sí, pero dice algo. El PRI, por ahora, está refugiado en un rincón del cuadrilátero cabeceando lo que puede.