René Delgado: Polarización en ascenso

Los asuntos que animan la espiral de la polarización advierten peligros que complicarían el cierre del sexenio
Los asuntos que animan la espiral de la polarización advierten peligros que complicarían el cierre del sexenio
En camino.Los asuntos que animan la espiral de la polarización advierten peligros que complicarían el cierre del sexenio
Óscar Iván Castro García
autor
René Delgado
Analista, periodista y escritor
2023-02-24 |07:06 Hrs.Actualización07:06 Hrs.


La espiral de la polarización va en ascenso, cobra fuerza y deja en la incertidumbre qué grado y altura pueda alcanzar. El curso apunta al desencuentro, luego… a la ruptura.

Tres asuntos animan el torbellino. El veredicto contra el exsecretario de Seguridad, Genaro García Luna, que fortalece la narrativa oficial, debilita el ansia de Felipe Calderón por resucitar y coloca en nuevo apuro a Acción Nacional. La aprobación, por fin, de la reforma electoral que debilita la narrativa oficial, fortalece la resistencia y la oposición a la tozudez presidencial y lleva a la calle y la Corte el litigio. El descaro de la presunta licenciada en funciones de ministra, Yazmín Esquivel, que cuanto más patalea más se hunde.

El bucle aumenta justo cuando la declaración de culpabilidad del policía encumbrado por los gobiernos albiazules se acompaña de un mensaje de la Administración para el Control de las Drogas, la famosa DEA: más les vale cooperar o cuello. Mensaje del cual nomás no toman nota ni tirios ni troyanos, pese al tufo de amenaza que despide.

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De las pocas certezas de estos días hay una indubitable: Felipe Calderón sigue sin entender la importancia del “timing” en la política.

Sólo a él se le pudo ocurrir publicar un texto dando consejos a la ciudadanía y buscando resucitar, en la antevíspera de la deliberación del jurado que terminó por declarar culpable de cinco delitos a su policía favorito. Sólo a él se le pudo ocurrir lanzar un tweet instando acudir a la concentración de pasado mañana, donde si él asiste le restará en vez de sumarle respeto al mitin. Sólo a él se le pudo ocurrir asegurar que jamás negoció ni pactó con el crimen, no, de ninguna manera, nomás lo integró al gabinete. ¿Creyó que, en vez de condenar, iban a condecorar otra vez a García Luna? ¡Qué tino el suyo!

El exmandatario debe rendir cuentas. Sobre todo, porque durante su sexenio más de una vez la prensa –esa que tanto desprecian los gobiernos de ayer y de hoy– informó de acciones y conductas indebidas o sospechosas del hoy reconocido agente doble. Fingir no haber tenido noticia al respecto y sentirse atacado por la condena es una desmesura, como también lo es pedir no distraerse con el asunto y, todavía más, ignorar el caudal de muerte y violencia que dejó por legado y hoy hace del país una fosa.

Es lógico desde luego que, si el exmandatario nunca comprendió el origen de su gobierno, menos se explique su destino.

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Escrito lo anterior, el presidente López Obrador puede armar la fiesta sobre la ruina.

Puede celebrar lo sucedido allá en Brooklyn (no aquí, por su iniciativa), tratar de sacar raja política y dar rienda suelta a su porra, incluso vanagloriarse de haber acertado en la narrativa. Sin embargo, ojalá no cierre ojos ni oídos ante lo acontecido y su secuela. En el banquillo de los acusados además de García Luna, también estuvo el Estado mexicano del que se hizo una radiografía de cuerpo completo, dejando ver el grado de penetración del crimen.

Aun cuando se quiera hacer creer lo contrario, el juicio no sólo recae sobre el pasado, sino también sobre el presente que, al militarizar la seguridad pública, expone a los altos mandos a verse un día en el banquillo. Evidencia de ello, el caso del exsecretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, detenido y más tarde liberado por las gestiones presidenciales. Y, sobra decirlo, hay funcionarios de este gobierno sobre los cuales la DEA trae puesto los ojos. Y ni qué, varios de los gobernadores propios o aliados de Morena darán de qué hablar, en cuanto decline su estrella.

No en vano, a la resolución del jurado de Brooklyn, la directora de aquella agencia, Anne Milgram, sumó una apostilla: “La condena de hoy de Genaro García Luna muestra claramente que la DEA no se detendrá ante nada para perseguir a los funcionarios políticos corruptos que participan en el tráfico de drogas y la violencia”. Más claro ni el agua: la DEA va a actuar unilateralmente sin avisar ni compartir información, pero exigiendo eficaz cooperación acá.

La fiesta de hoy podría ser el funeral de mañana.

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En tal circunstancia, el presidente López Obrador debería recalcular el absurdo de convertir el fracaso de la reforma constitucional del régimen electoral en la derrota de la reforma reglamentaria de las leyes electorales.

Ya se ha dicho aquí, el mandatario erró en el modo, tono y momento en que impulsó la reforma constitucional. La narrativa oficial falló desde el primer momento y, así, se perdió la oportunidad de reajustar uno de los pilares fundamentales del régimen. Insistir, ahora, en cambiar las reglas del juego electoral, quizá, sirva para preocupar y ocupar a la resistencia civil y a la oposición partidista, pero el costo puede superar a la ganancia.

El problema no sólo es que si la Corte no frena esa reforma se descuadra la estructura del aparato electoral, si no lo hace se desfonda el Poder Judicial. En tal condición, el tamaño de la crisis sería inconmensurable, justo cuando más de un foco rojo del tablero político titila advirtiendo peligros.

Hecho este último que, si bien afectaría el cierre del sexenio, convertiría a quien suceda al mandatario, en un presidente cautivo. Presa de su padrino y los adversarios. Reconciliar sin capitular y apartarse sin romper al mismo tiempo no es sencillo.

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Al cuadro se agrega esa flor del cinismo, llamada Yazmín. Ya no fue lo que quería ni tiene qué hacer donde ésta y, en su afán de sobrevivir, poco le importa arrastrar al Poder Judicial y al Ejecutivo, a la fiscalía local y la Universidad Nacional. La presunta licenciada es como Felipe Calderón, uno de esos políticos en desahucio, incapaz de retirarse, pero que hay que retirar.